Creía que dormir era la única solución para escapar de ella, pero, ¿y si incluso en sueños me persigue? ¿Qué puedo hacer? No hay rincón que no conozca esa puta. Cada día al abrir los ojos allí está ella. No puedo evitar su presencia, siempre está ahí acechándome, a cada paso que doy ella está detrás intentando empujarme. Quiere que me caiga, y siempre que quiere, lo consigue. También es cierto que yo no se lo pongo difícil. Soy débil. Siento que cada vez lo soy más. Intento refugiarme entre las paredes de mi cuarto, pero ella me oprime, me deja sin fuerzas. Se mete en mi cabeza hasta agotar mi mente. Hasta quitarme las ganas de todo. Solo quiero yacer en mi cama, y que la oscuridad de la noche me absorba. No quiero volver a escucharla. Ni sus gritos ni sus susurros. Ni su delicada voz cuando pretende hacerme caer con dulzura. Y maldita dulzura que mata. Maldita realidad.