expr:class='"loading" + data:blog.mobileClass'>

viernes, 22 de marzo de 2013

Dame señales

Un par de centímetros son demasiada distancia entre tus labios y los míos. Y te puedo asegurar, que algún día me encargaré de romper esa distancia. Sólo si quieres.

jueves, 21 de marzo de 2013

Mirando más allá de lo recomendado


Queriendo atravesar tu mirada, me topé con un desierto de arena inconmensurable. Tórrido, creía derretirme con cada mirada lanzada hacia el Sol. Me fundía con cada espejismo avistado por mi dificultosa mente. Creía atisbar un oasis, cuando al dar un par de pasos, tropezaba, caía, y al alzar la vista, comprobaba que era otro simple espejismo más. Mi mente me engañaba. Me sugería huir, pero a veces mi corazón hacía acto de presencia, y soltaba un par de latidos esperanzados que me hacían avanzar indudablemente hacia el abismo de la realidad. No quería reconocerlo, pero el encontrarme allí me excitaba de tal manera, que pensaba que tras eso, nada podría ser mejor. Pero me faltaba algo...un poco de claridad. Sí, aquello comenzaba a emborronarse. Todo acabó en una cortina opaca de arena.
Volvía a encontrarme frente a ti, mirándote a los ojos, hasta que me percaté de ese hecho, y aparté la mirada hacia donde nada ni nadie pudiera perturbarla. Y como no, otro día más en el que mi dudas se condensaban. Ante el aturdimiento sufrido tras aquel desalentador viaje, intenté situar mi mente en otro lugar. Cerré los ojos y me imaginé en otro confín del mundo. Y mientras visualizaba esa imagen en mi mente, notaba como me iba desvaneciendo en el aire. Sentía tanta ligereza que creía que me desviaría del camino, pero en realidad...¿eso qué importaba? Sólo quería desaparecer. Pasar a ser un recuerdo más en su mente y no volver a verle jamás. Pero hay momentos en lo que una no sabe ni lo que dice, y yo llevaba mucho tiempo sin comprender mis propios pensamientos...

martes, 19 de marzo de 2013

Domingo estrellado



Sólo los dos, únicamente rodeados por la naturaleza y aquel pozo de recuerdos. El eco de nuestras voces rebotando entre las risas que se quedaron allí grabadas. A dos centímetros de su piel, la oscuridad parecía un lugar seguro. El viento quería llevarse las palabras que no querían escapar de entre mis labios sellados, pero una suave brisa dejó escapar el primer "Hey there Delilah", y la magia comenzó a fluir. Lo nunca dicho parecía más que obvio, y nuestros corazones latían al tempo. Pero el miedo nos detuvo. Demasiado bello ese momento. La oscuridad se había cernido sobre nosotros de manera penetrante. Sólo quedaba huir. Y provocado por aquella emoción, nuestras manos se unieron. Entrelazadas fuertemente, nadie podía separarlas. Y de pronto, luces de ciudad. Mis ojos se abrieron entre lágrimas y mi cuerpo se encontraba tiritando. Demasiado frío en esta cama vacía de amor. No encontraba calor por ninguna parte. Las lágrimas de iban congelando y se clavaban en mi alma como pequeños trozos de cristal. Mi mirada desenfocada buscaba indicios de luz. Pero no lo encontraba. Ahora tocaba esperar. Sólo mil vueltas en la cama y por fin podría dormir con la seguridad de no ahogarme con mis propias lágrimas.

sábado, 16 de marzo de 2013

En subjuntivo

Cada minuto de mi día a día se basa en una composición de frases desiderativas y dubitativas comenzadas por un "quizás", un "a lo mejor", un "tal vez" y acabadas en un suspiro. Aquí os dejo un ejemplo de ello:
"Quizás sueñe demasiado, pero que me sonriera a la cara sería como una ebullición de mariposas en mi estómago. Me gustaría hacerle volar con mi voz sonando como una melodía. Y a lo mejor, abrazarle como si no hubiera mañana. Mirarle a los ojos podría ser como contemplar dos esmeraldas en bruto. Me cegaría, pero aún así seguiría mirando. Deberían estar considerados maravillas del mundo. ¿Y si me callara con un beso? Suena a tópico, lo sé, pero hay que vivirlo. Habría que vivirlo para saber que la adrenalina de ese momento debe ser mayor que la de la caída de una montaña rusa de un parque de atracciones.

Chocando contra mi ventana (Parte II)

Oh viento, has vuelto. Más devastador que nunca. Con ganas de arrastrarme contigo. Puede que sea lo mejor. Dejarme llevar hacia algún lugar. O hacia ninguno. Dejarme arrastrar entre tus vendavales. No sé. Todo es tan confuso. ¿Acaso eres tú quién roba las sonrisas? ¿Te gusta el peligro? Azotas los árboles para fogar tu ira, vas en contra de todo...¿Si me llevaras contigo permanecería tu violencia? Si te calmaras, podrías pasearme como una suave brisa. La brisa entrando por la rendija de alguna ventana sin cerrar del todo, es música para los oídos. Sí, sé amable conmigo por favor, no me gusta tu falsa maldad, porque lo único que haces es ahuyentar lo que te rodea. Pero conozco tus intenciones. Sé que estás hecho de los suspiros de las personas. y que tu única misión es recogerlos. Sé que estás lleno de emociones, estados de ánimo, sentimientos y problemas que no te corresponden. Aún así, no puedes evadirte de esa manera. Serías más feliz si no volaras tan solo. Si hubiera alguien en quién poder apoyarte...¡Ah! Ya sé. Llévame contigo. Sí, decidido, no quiero escucharte más chocando contra mi ventana, quiero ver mundo contigo. ¡Sí! Podré guiarte. Abandonarás la soledad y te acompañaré hasta que los dos aprendamos a no ser tan devastadores con lo que nos rodea. Tengo un regalo para ti. Es un suspiro. Ahhhh...Yo lo llamo: el suspiro inicial. Es el suspiro que sueltas cuando notas que tu corazón acelera su ritmo de forma brusca e, inluso  veces, dolorosa. Pero es un suspiro positivo. Suele darse al principio de una emoción nueva. Porque este va a ser el comienzo de una nueva etapa. Sé de alguien a quien le puedes dar ese suspiro. Se llama mar. Es tan enorme, que aceptará que descargues con todos esos suspiros desechados. Pero antes debes devolver todas las sonrisas. Peso de más, ¿no crees? Sé que te gustará el mar. Y ya no me necesitarás, yo debo seguir mi camino. Pero...¿comenzamos? ¿Sí? Rompe la ventana. Hazlo ya y volemos, te esperan. ¿Dónde? Donde acaban los suspiros. Continuará...

sábado, 9 de marzo de 2013

Elecciones generales

Se acercan las próximas elecciones y aún no he decidido a quién votar. En este gobierno bipartidista, sólo hay dos candidatos de "relevancia", pero sinceramente, no me han llegado a convencer todavía. Quizás me quiero aferrar a una decisión precipitada sin conocer realmente cuáles son mis propios intereses. Puede que los candidatos presentados no sean los definitivos. Y no me refiero a largo plazo. Tal vez deba seguir esperando otras opciones, cuyas promesas y discursos estén más definidos y resueltos. No quiero pasar el resto de mi vida resolviendo acertijos. No tengo una mente muy privilegiada, pero ese no es el impedimento. Quiero poder leer sus intenciones y preferencias en sus rostros. A lo mejor, un príncipe de un país muy lejano y un campesino rompe-corazones no deban ser mis elecciones.

Miradas oxidadas


Llega un momento en el que la vista comienza a fallar. Muchas imágenes borrosas y distorsionadas se cruzan ante nuestras pupilas desgastadas. Suele comenzar a perjudicarnos conforme crecemos, conforme vamos siendo conscientes de la realidad. Y es que es esta la responsable de nuestros problemas visuales. Es ella la que nos oxida la mirada; la que afecta al lagrimal, siempre conteniendo miles de lágrimas en cada fugaz mirada lanzada hacia este nuestro mundo. Es la que nos inyecta en sangre los ojos cada vez que atisbamos un claro de esperanza. La realidad es la que nos ciega, y no los sueños. Al menos con los ojos cerrados no nos afecta la contaminación. Es en el mundo de lo irreal en el que podemos observar lo que realmente no daña la vista. Quizás deberíamos preocuparnos más por lo que llegamos a vislumbrar con los ojos abiertos, que por lo que podemos ver con las persianas bajadas. Si de verdad pudiéramos detallar cada sombra que nos acecha, seguramente nuestros lagrimales estallarían. Puede que se produjera u diluvio, otro como el que intentaron colarnos en libros de los que realmente nadie ha llegado a concluir su lectura y verdadera interpretación. Pero no es ahí donde quiero llegar, no a un supuesto mundo sumergido en la miseria, no. Quiero decir, que quizás si lográramos reconocer esas sombras, tal vez podríamos darles una solución, en vez de ocultar nuestras miradas bajo capas de ignorancia.