Cada minuto de mi día a día se basa en una composición de frases desiderativas y dubitativas comenzadas por un "quizás", un "a lo mejor", un "tal vez" y acabadas en un suspiro. Aquí os dejo un ejemplo de ello:
"Quizás sueñe demasiado, pero que me sonriera a la cara sería como una ebullición de mariposas en mi estómago. Me gustaría hacerle volar con mi voz sonando como una melodía. Y a lo mejor, abrazarle como si no hubiera mañana. Mirarle a los ojos podría ser como contemplar dos esmeraldas en bruto. Me cegaría, pero aún así seguiría mirando. Deberían estar considerados maravillas del mundo. ¿Y si me callara con un beso? Suena a tópico, lo sé, pero hay que vivirlo. Habría que vivirlo para saber que la adrenalina de ese momento debe ser mayor que la de la caída de una montaña rusa de un parque de atracciones.
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