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domingo, 31 de agosto de 2014

"No quedan días de verano"

El final del estío se acerca y con él me invade el mismo sentimiento de desperdicio de cada verano. Meses, días, horas que se me han ido como las hojas secas a los árboles en otoño, el cual espero que me traiga nuevos aires que respirar y alguna ilusión que despierte mi pasión dormida.
Cada uno de mis veranos comienza con la esperanza de que ocurra algo realmente apasionante, algo que recordar, pero el único recuerdo que me queda es un remolino de momentos difusos que deja un extraño sabor en mi boca. No me desagrada, pero no me enloquece. Y eso es lo que quería enloquecer. Vivir locuras, tener un amor de verano, escaparme a nuevos lugares, aprovechar lo poco que me queda de adolescencia en hacer lo que en un futuro me arrepentiré de no haber hecho. Pero como siempre mi timidez ha podido conmigo. Por culpa de ella he reprimido tantos impulsos... Solo el alcohol conseguía deshinibirme. Y qué triste, joder. Por ello, me centré en mí y en evadirme del mundo. Decidí escribir para sentir, perderme en libros y encontrarme en películas, pero pasado el tiempo me he dado cuenta de que he pasado más tiempo preguntándome qué hacer que haciendo algo. Dudando de mí en vez de probándome. Pensando que me dejaba llevar mientras pasaba horas sentada en mi escritorio quejándome del calor y sumiéndome en mis superfluos pensamientos. Dejándome la voz entra cuatro paredes en vez de haciendo algo por potenciarla. Desperdiciando el tiempo que tenía de libertad enclaustrada en mi "cárcel".
Y cuando te llegas a dar cuenta compruebas que estás igual de morena que a comienzos de verano, que has perdido esas tardes soleadas en la playa que tanto te inspiran, y que por ello tu inspiración sigue tan dormida como tu capacidad para amar, que sigues tan sola como la última vez que alguien te rompió las ganas de querer, que te sigues dejando caer en los brazos de cualquiera a base de palabrería barata y que aún vives atada a tus estúpidas suposiciones.
Cada noche me pregunto qué es lo que le he hecho a la vida, pero soy totalmente consciente de que soy yo la que lo hace mal, la que la caga, cree que ha aprendido y vuelve a cagarla, la que decide la mayoría de las veces erróneamente y la que desearía volver a tener 5 años para despreocuparse de todo.
Creo que estoy dirigiengo mal esta embarcación. Voy sin rumbo y no me siento cómoda en este incierto camino. Quizás las aventuras al fin y al cabo no son lo mío. Quizás todo lo que he vivido es lo que debía vivir y que si algo no ha ocurrido es porque no tenía que ocurrir. Y así vivo yo, aferrándome a ese pensamiento y conformándome con lo que tengo.
Ya que no quedan muchos días de verano, espero que el otoño me traiga algo más que cielos grises y hojas secas...