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jueves, 7 de febrero de 2013

Con escudo anti-balas

Desde que tengo uso de razón, mi familia me suele recordar que en esa época denominada infancia por lo mayores, yo era muy arisca. No me dejaba querer, por así decirlo. Siempre que se me acercaba alguien, lo evitaba poniendo malas caras y retorciéndome dentro del carrito. A esto lo denominaban "ser arisca". Yo lo llamaría "tener cierta conciencia cuando se es pequeño y creen que aún no usas las neuronas". 
Todos sabemos que el mundo es redondo porque nos lo han dicho, nos lo han enseñado, etc. Pero cuando era niña, yo pensaba que el mundo también podía tener esquinas. Y que esas esquinas hicieran mucho daño. Por tanto, yo me refugiaba de esas esquinas así. Aunque también me contaron, que pasé por una época maravillosa, en la que la sonrisa no se me escapaba de los labios por muchas personas que hubiera a mi alrededor. Creo que olvidé la existencia de esas esquinas al ver que no me herían. Evidentemente, esa etapa terminó hace mucho. Empecé a chocar con todas las esquinas de las que me había refugiado hace tanto tiempo.
Aún me llaman "arisca". Aunque la mayoría de las veces, varían el término por el de "borde". Mis razones tengo para usar el sarcasmo como arma letal. Tengo miedo de que me hagan daño. De no poder recuperarme. De que descubran mi punto débil. De desnudar mi verdadero yo. Claro que poner etiquetas, yo lo prefiero dejar para los productos del supermercado. Para la ropa, y demás cosas que tengan precio numérico. Una etiqueta más o menos así: Camiseta de manga corta- Mujer- Talla S. No así: Alba Luiz Ronda- 16 años- Borde. No sé, no me gusta sinceramente. Y si a alguien no le gusta como soy, tiene dos caminos: o lo acepta, o la deleitaré con mi mejor repertorio irónico. Claro que lo haré para refugiarme de sus críticas...

lunes, 4 de febrero de 2013

Digamos que este viento no vino de paso

Que las ligeras brisas que iban viniendo de menos a más, sólo eran la premonición de un gran vendaval. ¿Tú sabes lo fuerte que resuenan tus palabras en este sitio tan lleno de nada? Rebotan contra las paredes de realidad. Tan fuerte que han llegado a tirar esos bloques de suciedad, también conocida como engaño, decepción y soledad. Sólo tú puedes limpiar toda la mierda que otros vendavales dejaron. Sé que yo también puedo, pero mis palabras se convierten en gritos que se pierden en el silencio del miedo. Tus palabras suenan rotundas, claras y sinceras, no hace falta convertirlas en grito para que sean oídas. Me estoy debilitando, pero sé que puedo apoyarme en tu voz. Sé que tu eco no se perderá en la ignorancia. Ni en la distancia. Sé que si grito, no moveré ni un ápice de todo el basurero en que se ha convertido mi interior. Sé que si hablas, sentenciarás y acabarás con este umbral de rencor y odio. Sé que en el fondo de todo esto, se puede encontrar algo de belleza. Pero quizás haga falta ese huracán. Quizás no, claro que sí. Es necesario. Si no es mucha molestia, ayúdame. Acabemos con esta huelga residual.

domingo, 3 de febrero de 2013

"Pajaritos por aquí, pajaritos por allá"

Pájaros y más pájaros contemplo allá arriba, en el cielo. Vuelan majestuosamente por encima de todo lo que podamos imaginar. Pero no todos vuelan a la par. Uno de ellos se ha quedado atrás. Mueve sus alitas torpemente y vuela por debajo de sus compañeros, aunque...sus compañeros ya se han alejado bastante. Difícilmente, se agazapa en un árbol, tembloroso y mirando con recelo hacia abajo. Vuelve a agitar sus alas, y en un intento de volar, fracasa y cae, por suerte, en una rama que hay más abajo. No lo vuelvo a ver hasta pasados unos minutos. Segundo intento, igualmente fracasado.
Diariamente lo observo para ver cómo le va. Parece que no muy bien. Apenas se mueve de un lado para otro de la rama. Con la cabeza gacha, se oculta de la luz de la vergüenza. Y de vez en cuando la alza para contemplar el cielo, en el que demás pájaros vuelan con la libertad que les es otorgada desde su nacimiento.
Día tras día, va intentando sobreponerse de sus fracasos. Hace pequeños intentos sin ningún resultado, pero hasta que no lo intente 1.000 veces no debe darse por vencido. Poco a poco, veo que su cabeza está más alzada, saca pecho, y sus alas se van fortaleciendo tras los intentos. Va logrando pequeñas cosas: ayer voló hasta la rama en la que yació por primera vez. Hoy hasta la rama más alta. Y todo esto tras largo tiempo de no haber dado su brazo a torcer. Él sabía que podía, claro que lo sabía, ¿cómo no iba a saberlo? La fe es lo último que hay que perder, y desde luego, él nunca la perdió.
Hoy es el día, lo presiento. Desde mi ventana observo cómo mira el el cielo con cierta melancolía, pero sin signos del miedo anterior. Se adelanta unos pasos colocándose al final de la rama más alta del árbol. Extiende sus alas, y se deja caer. Apenas han sido unas milésimas de segundo, pero muy largas. Veo como aquel pajarito indefenso, miedoso de sus capacidades, ha alzado el vuelo como un águila majestuosa. Va ascendiendo conforme toma seguridad. Se va haciendo cada vez más pequeño para mi vista, pero más grande para sí mismo. Vuela amigo, vuela. Sólo necesitabas una cosa: liberarte de tu inseguridad y miedos. Lo conseguiste: eres libre.
Esta entrada va dedicada para una gran profesional, gran compañera, y ante todo, mi gran amiga Concha.

Amarga inspiración

"¿Cuánto duele el primer amor? ¿Cuánto más si es imposible?
Lloraba con rabia, con desesperación, porque, adolescente o no, le había amado, con furia, en secreto, hasta la saciedad y la locura. Un amor capaz de marcar una vida, de inspirar mil poemas."-Biografía de Edgar Allan Poe.

sábado, 2 de febrero de 2013

Green eyes

Pinceladas de su sonrisa van pintando mi alma de verde. Un verde que evoca a sus ojos, que son como la esmeralda más codiciada entre todas las piedras preciosas. Son como un inmenso manto de hierba en el que poder tumbarme a contemplar el brillo del Sol, el cual envidia el resplandor que los tuyos esparcen allá donde mires. Y es que de esperanza vas sembrando el horizonte.