lunes, 4 de febrero de 2013
Digamos que este viento no vino de paso
Que las ligeras brisas que iban viniendo de menos a más, sólo eran la premonición de un gran vendaval. ¿Tú sabes lo fuerte que resuenan tus palabras en este sitio tan lleno de nada? Rebotan contra las paredes de realidad. Tan fuerte que han llegado a tirar esos bloques de suciedad, también conocida como engaño, decepción y soledad. Sólo tú puedes limpiar toda la mierda que otros vendavales dejaron. Sé que yo también puedo, pero mis palabras se convierten en gritos que se pierden en el silencio del miedo. Tus palabras suenan rotundas, claras y sinceras, no hace falta convertirlas en grito para que sean oídas. Me estoy debilitando, pero sé que puedo apoyarme en tu voz. Sé que tu eco no se perderá en la ignorancia. Ni en la distancia. Sé que si grito, no moveré ni un ápice de todo el basurero en que se ha convertido mi interior. Sé que si hablas, sentenciarás y acabarás con este umbral de rencor y odio. Sé que en el fondo de todo esto, se puede encontrar algo de belleza. Pero quizás haga falta ese huracán. Quizás no, claro que sí. Es necesario. Si no es mucha molestia, ayúdame. Acabemos con esta huelga residual.
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