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miércoles, 31 de diciembre de 2014

Infierno mental

Ligeia, Morella, Berenice,
musas de Poe,
almas desgraciadas
marcadas por el infortunio,
llevadme donde de la sabiduría
nazca el dolor
y del dolor, el fuego.
Llevadme donde del sentimiento
nazca la muerte
y de la muerte, la nada.
Llevadme donde cielo y tierra
se alinean,
donde la sabiduría y el sentimiento
reinan el infierno de la mente.

martes, 30 de diciembre de 2014

Pensamientos trágicos de un corazón kamikaze

A veces pasa que se está tan destrozado, que se prefiere dar con una persona igual de jodida que tú junto a la que ver la vida tal y como es, a encontrar a alguien que cosa tus pedazos y te pinte un mundo de colores. En el fondo, somos un poquito kamikazes. O realistas.
El dolor es fuerte. Bello. Arbitrario. Inspira. Jode. Te fortalece. O te consume.
Predomina sobre la alegría y lo resaltamos por encima de la felicidad. Los tintes melancólicos que arrastra tras de sí nos devoran el alma y nos atrapan por completo. Nos transporta a un mundo gris, triste, lúgubre, lleno de mierda que nunca llegamos a olvidar. Nos hace añorar aquello que perdimos. Nos sume en la penumbra y nos deja caer en un pozo del que cuesta salir, y que, en algunos casos, no tiene fondo.
Las lágrimas se acumulan en el pecho y las ganas de gritar, en la garganta. Ese nudo que te ahoga te oprime la voluntad y te obliga a permanecer acurrucado en el lado frío de la cama (ese lado que no ocupas esperando que alguien lo caliente).
Qué triste perderse en el llanto y encontrar reconfortable el silencio cuando lo único que se desea es escupir el fuego que quema por dentro.
Pero qué bello identificarse en el dolor de otra persona. En las letras de un cantautor, en los cuadros de un artista, en los libros, e incluso en las películas. Qué común identificarse en los sentimientos de un desconocido. Qué especial verse reflejado en la lágrima de un igual y sentir que libera aquel peso que soportas en la espalda.
Vendavales de levante, brisas del poniente, frías borrascas, huracanes, tormentas. ¿Qué más da? El témpano de hielo en el que se convierte tu corazón no se derrite ni calentándolo bajo el sol del Sahara. Supongo que a veces solo se necesita otro corazón igual de incomprendido, igual de roto, que funda ese iceberg que te hunde como al Titanic. Quizás Rose debió entregarse al Atlántico junto a Jack, dando por perdida la batalla contra el frío; o quizás debió darle cobijo para resurgir juntos y derretir el hielo que les estaba matando.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Mazapanes de realidad

Frío. Luces de colores. Árboles con adornos. Mantecados. Calles repletas de gente. Regalos. Villancicos. Ilusión. Llámalo Navidad, llámalo consumismo.
La Navidad embellece a las ciudades, y más a la mía, pues precisamente no es de las más bonitas que he visto.
Adoro salir a la calle y que el ambiente navideño me invada con el olor a dulces recién hechos, el agobio de entrar a las tiendas invadidas por compradores indecisos entre un regalo u otro, los músicos callejeros interpretando villancicos tradicionales y el frío congelando mis mejillas sonrojadas.
Pero el alma de esta fiesta se fue hace cuatro años, y desde entonces, nada es igual. Mi abuelo era sinónimo de belén, pastorcillos, campanilleros, zambombas y panderetas. Parecía que llevara todo el año preparando la Nochebuena. Qué Navidades tan maravillosas aquellas en las que llegaba a la casa de mis abuelos y todos los cuadros estaban decorados con luces de colores, las escaleras adornadas de guirnaldas y un árbol que resplandecía al son de la iluminación del belén. La alegría de celebrar la Navidad se fue contigo, y no volverá.
Pero la ilusión no solo se fue contigo. También se la llevaron los años. Papá Noel, los Reyes Magos. ¿Qué sentido tienen para mí? La motivación de portarse bien, de escribir la lista de regalos, de señalar todos los juguetes del catálogo... Todo eso se acabó. Ahora me encargo de elegir mis regalos, de regalar, e incluso ayudo a comprar regalos.
¿Qué es la Navidad sin la magia de dejarle leche y mantecados a Papá Noel y los Reyes Magos y acostarse temprano para al día siguiente ir corriendo al cuarto de tus padres y despertarles diciendo que los regalos ya están ahí?
Supongo que la Navidad tiene una edad límite, y yo la superé hace unos años...

domingo, 28 de diciembre de 2014

"Disintegration"

Escuchando la voz de Robert Smith, mi cuarto se envuelve de la atmósfera melancólica de The Cure. En mi paladar aún saboreo el último chicle que masqué mientras libero el frío aliento de menta capaz de congelar un alma. Siento el gélido frío azotar mi piel con dureza, agrietándola y resquebrajándola como si de una delicada pista de hielo se tratara. Bajo el amparo de unas recias sábanas, mis ojos quedan cegados por la oscuridad y Robert Smith me quita la voz con sus canciones que me roban la vida a través de su post punk de los setenta tardíos con A forest y me la devuelven con los rayos de amor de Just like Heaven, y así, como la malograda protagonista de un relato de Poe, me consumo por el poder de mi mente, que se debilita por la locura y la tragedia.
Este fascinante espectáculo se repite cada triste tarde de diciembre.
Sí, a esto lo llamo yo invierno.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Microrrelato

El escritor, tras una noche de excesos como tantas otras, pidió a su musa a que fuera a por tabaco. Y ella, cansada de esa vida de vanos intentos de novela erótica y poesía sucia fracasados por el alcohol, fue a por tabaco, pero no volvió.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Noches de (des)ilusión

Hay noches que son demasiado largas. Ya sea porque no quieres que la música cese en tus oídos y se alargan hasta el amanecer. O por unas palabras que no dejan de resonar en tu mente y te trastocan el sueño. Quizás por una mala pesadilla que te ha dejado sin aliento y sudando bajo las sábanas. O porque simplemente tu cerebro no te da un respiro. Y te ahogas.
Te ahogas porque no hay un solo rincón de tu mente vacío. No hay un solo minuto en el que no recuerdes lo sola que te encuentras. Lo vacía que estás por dentro. Lo mucho que ansías que unos brazos te arropen aunque el calor sea insoportable.
Joder, que solo quiero querer. Dar todo lo que tengo y reponerme de todo el amor que nunca me han dado. Que quiero pasarme noches en vela recordando tus besos, tus mordiscos, tus lunares y esa sonrisa tonta mía al llegar a mi casa después de un día contigo. Quiero escribirte en cada rincón de tu cuerpo que te quiero y cantarte al oído Wonderwall hasta que te canses. Quiero que te acostumbres a mis manías y rarezas. Quiero cogerte de la mano y tirar de ti para besarte. Quiero despeinarte el pelo y con una sonrisa en mi boca decirte que eres un idiota. Quiero ver tantas películas contigo que seguro que antes de haberlas terminado de ver te habrás perdido en alguna de ellas con otras...pero, ¿y qué? No quiero un jodido "para siempre". No busco un cuento de hadas. No pido que me regales la luna. Solo quiero pasar mis largas noches contigo. Pero antes, encuéntrame.

domingo, 31 de agosto de 2014

"No quedan días de verano"

El final del estío se acerca y con él me invade el mismo sentimiento de desperdicio de cada verano. Meses, días, horas que se me han ido como las hojas secas a los árboles en otoño, el cual espero que me traiga nuevos aires que respirar y alguna ilusión que despierte mi pasión dormida.
Cada uno de mis veranos comienza con la esperanza de que ocurra algo realmente apasionante, algo que recordar, pero el único recuerdo que me queda es un remolino de momentos difusos que deja un extraño sabor en mi boca. No me desagrada, pero no me enloquece. Y eso es lo que quería enloquecer. Vivir locuras, tener un amor de verano, escaparme a nuevos lugares, aprovechar lo poco que me queda de adolescencia en hacer lo que en un futuro me arrepentiré de no haber hecho. Pero como siempre mi timidez ha podido conmigo. Por culpa de ella he reprimido tantos impulsos... Solo el alcohol conseguía deshinibirme. Y qué triste, joder. Por ello, me centré en mí y en evadirme del mundo. Decidí escribir para sentir, perderme en libros y encontrarme en películas, pero pasado el tiempo me he dado cuenta de que he pasado más tiempo preguntándome qué hacer que haciendo algo. Dudando de mí en vez de probándome. Pensando que me dejaba llevar mientras pasaba horas sentada en mi escritorio quejándome del calor y sumiéndome en mis superfluos pensamientos. Dejándome la voz entra cuatro paredes en vez de haciendo algo por potenciarla. Desperdiciando el tiempo que tenía de libertad enclaustrada en mi "cárcel".
Y cuando te llegas a dar cuenta compruebas que estás igual de morena que a comienzos de verano, que has perdido esas tardes soleadas en la playa que tanto te inspiran, y que por ello tu inspiración sigue tan dormida como tu capacidad para amar, que sigues tan sola como la última vez que alguien te rompió las ganas de querer, que te sigues dejando caer en los brazos de cualquiera a base de palabrería barata y que aún vives atada a tus estúpidas suposiciones.
Cada noche me pregunto qué es lo que le he hecho a la vida, pero soy totalmente consciente de que soy yo la que lo hace mal, la que la caga, cree que ha aprendido y vuelve a cagarla, la que decide la mayoría de las veces erróneamente y la que desearía volver a tener 5 años para despreocuparse de todo.
Creo que estoy dirigiengo mal esta embarcación. Voy sin rumbo y no me siento cómoda en este incierto camino. Quizás las aventuras al fin y al cabo no son lo mío. Quizás todo lo que he vivido es lo que debía vivir y que si algo no ha ocurrido es porque no tenía que ocurrir. Y así vivo yo, aferrándome a ese pensamiento y conformándome con lo que tengo.
Ya que no quedan muchos días de verano, espero que el otoño me traiga algo más que cielos grises y hojas secas...

miércoles, 23 de julio de 2014

Tu nevada en mi verano

El verano no llega cuando la temperatura de los termómetros comienza a subir, las personas visten más ligeras de ropa y el sudor y los granizados forman parte del día a día. Cada persona tiene su verano particular y a cada una le llega cuando le tiene que llegar. Y el mío estaba en camino. Se intuía pero aún no se sentía fuerte. Aunque ahí estaba. Mi corazón se hallaba contento, jubiloso. Las sonrisas se me escapaban y mi glaciar interior se había derretido. Me habías derretido. Me habías hecho olvidarme de todo. Me habías hecho sentir especial. Me habías ilusionado. Me habías hecho confiar en ti. De nuevo. Y me habías prometido venir. La distancia me había hecho desearte con tanta fuerza que el simple hecho de pensar que por un momento te tendría entre mis brazos reconfortaba todo mi ser. Ansiaba besarte. (No sé ni porqué te escribo en pasado. No sé ni porqué te escribo). Quería abrazarte y morderte el cuello, como tantas veces te dije que haría. Y todas esas cosas que me decías...¿ya han quedado en el olvido? Qué triste decir que fue bonito mientras duró cuando ni siquiera ocurrió. Aunque más triste es que vuelvas a ser el invierno de mi verano. Otra vez.

miércoles, 2 de julio de 2014

"Hello, I love you, won't you tell me your name?"

Me falta paz. Me falta estabilidad. Me falta inspiración. Y hasta me faltas tú. Tú, quien quiera que seas y donde quiera que estés, me faltas. Supongo que también se llama amor. Sí, eso es. Me falta amor, y un nombre. No sé quien eres, pero te necesito. Te extraño. Te quiero. Y no sabes cuánto me muero por besarte. No sé si es una oda al amor desesperado, pero lo que sí sé es que hasta que no vengas, me abraces, me beses, me digas que me quieres y que soy lo mejor que te ha pasado en mucho tiempo, seguiré escribiéndote palabras de amor sin sentido. Y espero que cuando llegues, al menos me digas tu nombre.

sábado, 31 de mayo de 2014

Gris

Hay días que no están hechos para ti.
Mañanas en las que te despiertas con mal estar, y para colmo no ves los rayos del sol atravesando tu ventana (malditos días nublados). Y cuando te percatas de la hora que es maldices la fiesta cutre de la noche anterior que te ha hecho perder un par de horas de tu planificación de estudio para los fines de semana, y que tras haber desperdiciado media mañana no te molestas en aprovechar lo que te queda porque el cansancio acumulado puede contigo.
Mediodías en los que tu comida favorita, preparada con especial cariño por tu madre, te parece más insípida que un vaso de agua.
Tardes que no ves acabar tras largas horas de estudio y divagaciones absurdas a cerca de lo guapo que era el chico que viste la noche anterior.
Meriendas que te dejan con más hambre del que tenías y planes improvisados por tu madre para ir de tiendas que te dejan totalmente indiferente pues hasta la ropa te parece más gris que el cielo por el cual te has levantado con mal humor.
Paradas frente al espejo que te dejan reflexionando sobre lo mal que llevas hoy el pelo y del grano más grande que te ha salido justo en la mejilla.
Duchas en las que te ves asustada por una simple cucaracha que tu imaginación te hace representar como el asesino de la mítica Psicosis.
Cenas que te saben a comida caducada y noches en las que hasta la música te daña los oídos.
Supongo que hay días que están diseñados para no gustarte, y hoy es uno de esos días.

viernes, 30 de mayo de 2014

Fiel soñadora

Si digo que me duele el corazón no miento. Que mi paciencia está agotada es un hecho. Que no me quedan lágrimas que derramar es cierto, y que no luchar más es mi deseo. Solo quiero respirar. Respirar nuevos aires. Probar nuevos sabores. Rozar nuevas pieles y besar nuevos labios. Pero estoy agotada, tanto física como mentalmente. La cama es lo único que me llama y no precisamente para divertirme. Necesito descansar, vaciar mi mente de recuerdos y resetear mi corazón de sentimientos pasados. Y todo ello bajo el manto de mi fiel amiga la oscuridad y de mi viejo compañero el silencio. Quizás si descanso lo suficiente olvide las antiguas pesadillas y pueda volver a soñar. Quizás si alguien me acompañara mientras sueño...Ya sea en mis sueños o en mi cama. Ya sea acariciándome el pelo mientras duermo o comiéndome el cuello mientras la cama pide una tregua.
¿Sabes? Dicen que el dinero hace la felicidad, pero créeme si te digo que sin amor no se va a ninguna parte. Puedes continuar tu camino, pero nunca te embriagará esa sensación de calidez, de dicha, de felicidad que envuelve a aquellos que han besado a su príncipe o princesa, aquellos que han probado el sabor de su media naranja o aquellos que han respirado al tempo de su pareja.
Y mientras suenan las notas de la 'sonata de luna' de algún piano melancólico, mi cuerpo se arrastra pesadamente hacia mi cama, donde espero encontrar una nueva ilusión.

lunes, 21 de abril de 2014

Recogimiento

He replegado mis alas. Me he puesto un candado en el corazón y he cosido las heridas que aún quedaban abiertas. He cerrado mis ojos y cubierto mi mente. He cruzado las piernas y he sellado mis labios. Me he sumido en la soledad de mis pensamientos y me hallo bajo un manto de melancolía. He decidido sumergirme en la triste y aburrida monotonía con tal de que no me jodan más las expectativas que tengo respecto al amor. He olvidado por completo lo que era querer, y no tengo ni la más ligera idea de lo que es ser querida. Supongo que aún no conozco el amplio significado del amor, aunque por ahora no me interesa.

lunes, 10 de marzo de 2014

Maldita realidad

Creía que dormir era la única solución para escapar de ella, pero, ¿y si incluso en sueños me persigue? ¿Qué puedo hacer? No hay rincón que no conozca esa puta. Cada día al abrir los ojos allí está ella. No puedo evitar su presencia, siempre está ahí acechándome, a cada paso que doy ella está detrás intentando empujarme. Quiere que me caiga, y siempre que quiere, lo consigue. También es cierto que yo no se lo pongo difícil. Soy débil. Siento que cada vez lo soy más. Intento refugiarme entre las paredes de mi cuarto, pero ella me oprime, me deja sin fuerzas. Se mete en mi cabeza hasta agotar mi mente. Hasta quitarme las ganas de todo. Solo quiero yacer en mi cama, y que la oscuridad de la noche me absorba. No quiero volver a escucharla. Ni sus gritos ni sus susurros. Ni su delicada voz cuando pretende hacerme caer con dulzura. Y maldita dulzura que mata. Maldita realidad.

sábado, 1 de febrero de 2014

Age of destruction

La mierda me consume. La ilusión me embargó mi razón en su momento, y bueno, no se estaba mal con los pies lejos de la tierra, pero cuando se sube demasiado pronto, no muy tarde se ha de caer. Más vale tarde que nunca, dicen, pero en mi caso era preferible que hubiera ocurrido cuanto antes. A lo mejor no es demasiado tarde, pero a mí me lo parece. Mis ojos son de nuevo dos piedras azabache sin ningún brillo. Mi corazón se ha convertido en un témpano de hielo. Mis labios se han deshidratado. Mi estómago es un vertedero de mariposas nauseabundas. Ni siento mi padezco. El cielo se ha vuelto gris con espesas nubes cargadas de rayos. El sol ha quedado oculto y me hallo bajo la oscuridad de mi propia tormenta. Vendavales de furia se han replegado contra todo aquello que me daña y pronto "mis" rayos harán lo mismo. Enfrascada en mi chaqueta de cuero espero la inminente tormenta, a la que se le une un peligroso oleaje, del que si no me ando con cuidado me arrastrará con él. Aunque, ¿no será de nuevo mi sirena intentando liarme? Pues al cuerno la sirena. Solo necesito música que calme este temporal interno, o me acabará destruyendo. Pero si solo suena Search & Destroy de The Stooges, ¿qué puedo hacer? No puedo huir de mi infierno. O me quema él, o me quemo con él. Quizás sea la hora de destruirlo todo. Quizás es más fácil escribir tu nombre en una hoja y quemarla, pero yo prefiero hacerlo a lo bestia. Quizás debería quemarte a ti. Mientras tanto, mi tormenta de ha desatado, y ya no hay vuelta atrás.

sábado, 25 de enero de 2014

Besilusiones

Nunca me agradó la miel, pero mucho menos la que permanece en los labios cuando los besos quedan en el aire.

viernes, 24 de enero de 2014

Azul

Me solía perder en sus ojos azules. Perderme hasta volver a encontrarme frente a su mirada de hielo. Hasta que ese hielo se derritió convirtiendo aquellos ojos azules en un mar incierto, bravo y devastador. Pequeñas gotas me iban salpicando, grandes olas iban azotándome. Aturdida por el impacto del oleaje, hechizada por la profundidad de esas aguas, me dejé arrastrar por la marea. Me dejé llevar por el canto de mi sirena, y ya nada ni nadie podía evitar que me hundiera en sus ojos.

domingo, 19 de enero de 2014

"Here she comes"

Hacía mucho tiempo que no sabía de ella. Recuerdo que la última vez que pude contemplar su extraña belleza aún se lucía desnuda por cualquier lugar sin importarle lo que la gente pudiera pensar de ella. Solía hacer lo que le daba la gana, cualquier locura que se le ocurriera la decía sin temor. Era un tanto indiscreta a veces, quizás demasiado soñadora otras veces. Le encantaba provocar diferentes reacciones en las personas (y si la provocación estaba entre esas reacciones bienvenida era).
Lo que más me gustaba de ella es que era diferente. No era como las demás, o al menos eso pienso yo. Para mí era única. Sensacional. A veces no podía dejar de mirarla. Rozaba la perfección en mis momentos de éxtasis. Más tarde, volvía a ser la de antes, una más. Debo reconocer que me cegaba su singular belleza y me creaba un estado de dependencia a ella que no podía evitar. La quería conmigo a todas horas, pero prefería continuar a su libre albedrío. 
A veces pienso que me engañaba con otros o con otras. Que se había cansado de mí, que ella realmente nunca me había necesitado. O al menos no tanto como yo a ella. Ella lo único que necesitaba era su libertad. Lo demás poco le importaba. Pero si de algo estoy segura, es de que juntas éramos implacables. Podíamos conseguir lo que nos propusiéramos. Creamos otro concepto de amor, el nuestro era diferente. Todo lo relacionado con nosotras era diferente, o eso me gustaba pensar. 
Nuestras noches de música acababan con las sábanas revueltas y nosotras yaciendo juntas. Cuando la miraba, todo era posible. Cualquier cosa podía pasar. Nos gustaba volar alto, perdernos entre las nubes. Alguna vez tocamos las estrellas. De la mano, abrazadas, o como fuera, mientras ella estuviera cerca de mí, ni las tempestades ni los huracanes podían derribarnos.
Hasta que un día, se fue. Se había largado, me había abandonado, dejándome perdida y sin saber qué hacer. Era como si la tierra se la hubiera tragado. Desde ese día, la música era mi única compañía. A todas partes iba escuchando música. Cualquier canción me recordaba a ella. 
La busqué por mucho tiempo, y cuando al fin creía haberla visualizado, solo era un espejismo. Y me dolió haberla perdido. ¿Qué iba a ser yo sin ella? 
El tiempo pasaba, y yo ya me había acostumbrado a su ausencia. Me había hecho a la idea de que no volvería. Probablemente me había sustituido por otra persona. Mientras, yo me refugiaba en mi solitaria cama. No había nadie que fuera digno de conocer mis pensamientos. Solo mi almohada me servía para secar las pocas lágrimas que se me escapaban algunas noches. Realmente necesitaba expresar mis sentimientos, pero, ¿cómo?
Hoy, al levantarme, miré por la ventana y comprobé que llovía mientras el sol lucía esplendoroso. Salí a la calle, necesitaba sentir esa fina lluvia. Mientras las gotas recorrían mi cara, pude sentirla. Sí, a ella. Estaba cerca, había vuelto. No la veía, pero podía notarla en cada rincón de mi mente, en cada cavidad de mi corazón. Era ella, sin lugar a dudas. Estaba llegando. Mi inspiración andaba buscándome de nuevo.

sábado, 18 de enero de 2014

Esa no era yo

 Mis labios llevaban mucho tiempo agrietados por el frío. Sabían amargos, inapetecibles. El invierno se había llevado cualquier vestigio de calidez en ellos y cortaban al más mínimo roce. Mis sonrisas se volvían sangrientas y espantaba a cualquiera que intentara verme fingir felicidad.
 Las palabras que salían de entre mis labios eran secas y cortantes, frías como el hielo. Supongo que mi sangre se había congelado. El brillo de mis ojos se había desvanecido. No recuerdo que mis ojos fueran tan oscuros. Eran como si se hubieran apagado, como si no les quedara vida. Me limitaba a ver. Ver para no caerme. No me interesaba mirar el cielo en sus mejores días, completamente azul y despejado. Ni siquiera me apetecía desnudar con la mirada a algún amor perdido por estas calles. Solo quería cerrar los ojos, para que no me escocieran por la luz. Cerrarlos, apretarlos, intentar que se fundieran mis párpados, que mis pestañas se entrelazaran y nunca más volver a abrirlos.
Quería alcanzar un sueño profundo, para divagar eternamente por los recovecos de mi mente y perderme por cada pasaje de mis años vividos. No me interesaba el mundo físico. La realidad me estaba ahogando, y no precisamente por esos momentos que te dejan sin aire. Me estaba poniendo la soga al cuello y cada vez apretaba más, cada vez la cuerda se encontraba más en tensión. La silla estaba a punto de caerse; el vaso a punto de desbordarse. Realmente tenía miedo de que la silla se cayera, de que mi voz se fuera en un grito ahogado. No quería eso, no lo quería. Simplemente quería aflojarme el nudo de la garganta, pero las lágrimas no salían. Sencillamente, no había lágrimas, se habían congelado. El frío se había apoderado de mi ser. Ni un rastro de calor humano. Mis mejillas, normalmente sonrojadas, habían perdido su color y mi piel morena palidecía por momentos. Me estaba resquebrajando y no me daba cuenta de ello.
Esa no era yo. Era el fantasma de mi pasado que se había aferrado con tanta fuerza a mí que ante mi estado de implacable debilidad no era capaz de responder. Mi cuerpo necesitaba un impulso, pedía a gritos ayuda, pero nadie escuchaba los gritos porque nunca llegaban a salir de mis pulmones. Y de pronto, un ligero viento de poniente comenzó a soplar. Lo recibí casi sin fuerzas, pero con esperanza. Solo quería derretir la escarcha punzante que me arañaba por dentro. Quería sentir calor. Quería sudar. Quería acabar con mi propio invierno. Ese invierno que se había convertido en mi infierno particular. Irónico, ¿eh? Pues de la nieve al fuego aún quedaba para rato, pero no desesperaba. Había pasado demasiado tiempo en esa cueva helada. No tenía prisa, me era muy agradable el cambio.
 Podía notar como mi sangre volvía a fluir, como llegaba a cada rincón de mi cuerpo, como se concentraba en mis mejillas, que volvían a lucir sonrojadas como antes. Mi piel volvía a tomar su moreno propio del sur y empezaba a desprender calor. El brillo de mis ojos volvía a nacer y las lágrimas congeladas al fin fueron derramadas. Eran lágrimas de alegría. Y no pudiendo aguantar más el mutismo en el que me había sumido, grité. Grité de felicidad. Me reí como jamás me había reído y sonreí. Mis labios ya no sangraban, habían abandonado ese aspecto mortecino. Volvían a ser mis labios. Volvía a ser mi sonrisa. Volvía a ser yo.
Y un beso suyo bastó para sanarme.