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domingo, 28 de diciembre de 2014

"Disintegration"

Escuchando la voz de Robert Smith, mi cuarto se envuelve de la atmósfera melancólica de The Cure. En mi paladar aún saboreo el último chicle que masqué mientras libero el frío aliento de menta capaz de congelar un alma. Siento el gélido frío azotar mi piel con dureza, agrietándola y resquebrajándola como si de una delicada pista de hielo se tratara. Bajo el amparo de unas recias sábanas, mis ojos quedan cegados por la oscuridad y Robert Smith me quita la voz con sus canciones que me roban la vida a través de su post punk de los setenta tardíos con A forest y me la devuelven con los rayos de amor de Just like Heaven, y así, como la malograda protagonista de un relato de Poe, me consumo por el poder de mi mente, que se debilita por la locura y la tragedia.
Este fascinante espectáculo se repite cada triste tarde de diciembre.
Sí, a esto lo llamo yo invierno.

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