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martes, 30 de diciembre de 2014

Pensamientos trágicos de un corazón kamikaze

A veces pasa que se está tan destrozado, que se prefiere dar con una persona igual de jodida que tú junto a la que ver la vida tal y como es, a encontrar a alguien que cosa tus pedazos y te pinte un mundo de colores. En el fondo, somos un poquito kamikazes. O realistas.
El dolor es fuerte. Bello. Arbitrario. Inspira. Jode. Te fortalece. O te consume.
Predomina sobre la alegría y lo resaltamos por encima de la felicidad. Los tintes melancólicos que arrastra tras de sí nos devoran el alma y nos atrapan por completo. Nos transporta a un mundo gris, triste, lúgubre, lleno de mierda que nunca llegamos a olvidar. Nos hace añorar aquello que perdimos. Nos sume en la penumbra y nos deja caer en un pozo del que cuesta salir, y que, en algunos casos, no tiene fondo.
Las lágrimas se acumulan en el pecho y las ganas de gritar, en la garganta. Ese nudo que te ahoga te oprime la voluntad y te obliga a permanecer acurrucado en el lado frío de la cama (ese lado que no ocupas esperando que alguien lo caliente).
Qué triste perderse en el llanto y encontrar reconfortable el silencio cuando lo único que se desea es escupir el fuego que quema por dentro.
Pero qué bello identificarse en el dolor de otra persona. En las letras de un cantautor, en los cuadros de un artista, en los libros, e incluso en las películas. Qué común identificarse en los sentimientos de un desconocido. Qué especial verse reflejado en la lágrima de un igual y sentir que libera aquel peso que soportas en la espalda.
Vendavales de levante, brisas del poniente, frías borrascas, huracanes, tormentas. ¿Qué más da? El témpano de hielo en el que se convierte tu corazón no se derrite ni calentándolo bajo el sol del Sahara. Supongo que a veces solo se necesita otro corazón igual de incomprendido, igual de roto, que funda ese iceberg que te hunde como al Titanic. Quizás Rose debió entregarse al Atlántico junto a Jack, dando por perdida la batalla contra el frío; o quizás debió darle cobijo para resurgir juntos y derretir el hielo que les estaba matando.

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