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miércoles, 23 de julio de 2014

Tu nevada en mi verano

El verano no llega cuando la temperatura de los termómetros comienza a subir, las personas visten más ligeras de ropa y el sudor y los granizados forman parte del día a día. Cada persona tiene su verano particular y a cada una le llega cuando le tiene que llegar. Y el mío estaba en camino. Se intuía pero aún no se sentía fuerte. Aunque ahí estaba. Mi corazón se hallaba contento, jubiloso. Las sonrisas se me escapaban y mi glaciar interior se había derretido. Me habías derretido. Me habías hecho olvidarme de todo. Me habías hecho sentir especial. Me habías ilusionado. Me habías hecho confiar en ti. De nuevo. Y me habías prometido venir. La distancia me había hecho desearte con tanta fuerza que el simple hecho de pensar que por un momento te tendría entre mis brazos reconfortaba todo mi ser. Ansiaba besarte. (No sé ni porqué te escribo en pasado. No sé ni porqué te escribo). Quería abrazarte y morderte el cuello, como tantas veces te dije que haría. Y todas esas cosas que me decías...¿ya han quedado en el olvido? Qué triste decir que fue bonito mientras duró cuando ni siquiera ocurrió. Aunque más triste es que vuelvas a ser el invierno de mi verano. Otra vez.

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