Pájaros y más pájaros contemplo allá arriba, en el cielo. Vuelan majestuosamente por encima de todo lo que podamos imaginar. Pero no todos vuelan a la par. Uno de ellos se ha quedado atrás. Mueve sus alitas torpemente y vuela por debajo de sus compañeros, aunque...sus compañeros ya se han alejado bastante. Difícilmente, se agazapa en un árbol, tembloroso y mirando con recelo hacia abajo. Vuelve a agitar sus alas, y en un intento de volar, fracasa y cae, por suerte, en una rama que hay más abajo. No lo vuelvo a ver hasta pasados unos minutos. Segundo intento, igualmente fracasado.
Diariamente lo observo para ver cómo le va. Parece que no muy bien. Apenas se mueve de un lado para otro de la rama. Con la cabeza gacha, se oculta de la luz de la vergüenza. Y de vez en cuando la alza para contemplar el cielo, en el que demás pájaros vuelan con la libertad que les es otorgada desde su nacimiento.
Día tras día, va intentando sobreponerse de sus fracasos. Hace pequeños intentos sin ningún resultado, pero hasta que no lo intente 1.000 veces no debe darse por vencido. Poco a poco, veo que su cabeza está más alzada, saca pecho, y sus alas se van fortaleciendo tras los intentos. Va logrando pequeñas cosas: ayer voló hasta la rama en la que yació por primera vez. Hoy hasta la rama más alta. Y todo esto tras largo tiempo de no haber dado su brazo a torcer. Él sabía que podía, claro que lo sabía, ¿cómo no iba a saberlo? La fe es lo último que hay que perder, y desde luego, él nunca la perdió.
Hoy es el día, lo presiento. Desde mi ventana observo cómo mira el el cielo con cierta melancolía, pero sin signos del miedo anterior. Se adelanta unos pasos colocándose al final de la rama más alta del árbol. Extiende sus alas, y se deja caer. Apenas han sido unas milésimas de segundo, pero muy largas. Veo como aquel pajarito indefenso, miedoso de sus capacidades, ha alzado el vuelo como un águila majestuosa. Va ascendiendo conforme toma seguridad. Se va haciendo cada vez más pequeño para mi vista, pero más grande para sí mismo. Vuela amigo, vuela. Sólo necesitabas una cosa: liberarte de tu inseguridad y miedos. Lo conseguiste: eres libre.
Esta entrada va dedicada para una gran profesional, gran compañera, y ante todo, mi gran amiga Concha.

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