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sábado, 9 de marzo de 2013

Miradas oxidadas


Llega un momento en el que la vista comienza a fallar. Muchas imágenes borrosas y distorsionadas se cruzan ante nuestras pupilas desgastadas. Suele comenzar a perjudicarnos conforme crecemos, conforme vamos siendo conscientes de la realidad. Y es que es esta la responsable de nuestros problemas visuales. Es ella la que nos oxida la mirada; la que afecta al lagrimal, siempre conteniendo miles de lágrimas en cada fugaz mirada lanzada hacia este nuestro mundo. Es la que nos inyecta en sangre los ojos cada vez que atisbamos un claro de esperanza. La realidad es la que nos ciega, y no los sueños. Al menos con los ojos cerrados no nos afecta la contaminación. Es en el mundo de lo irreal en el que podemos observar lo que realmente no daña la vista. Quizás deberíamos preocuparnos más por lo que llegamos a vislumbrar con los ojos abiertos, que por lo que podemos ver con las persianas bajadas. Si de verdad pudiéramos detallar cada sombra que nos acecha, seguramente nuestros lagrimales estallarían. Puede que se produjera u diluvio, otro como el que intentaron colarnos en libros de los que realmente nadie ha llegado a concluir su lectura y verdadera interpretación. Pero no es ahí donde quiero llegar, no a un supuesto mundo sumergido en la miseria, no. Quiero decir, que quizás si lográramos reconocer esas sombras, tal vez podríamos darles una solución, en vez de ocultar nuestras miradas bajo capas de ignorancia.

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