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martes, 19 de marzo de 2013

Domingo estrellado



Sólo los dos, únicamente rodeados por la naturaleza y aquel pozo de recuerdos. El eco de nuestras voces rebotando entre las risas que se quedaron allí grabadas. A dos centímetros de su piel, la oscuridad parecía un lugar seguro. El viento quería llevarse las palabras que no querían escapar de entre mis labios sellados, pero una suave brisa dejó escapar el primer "Hey there Delilah", y la magia comenzó a fluir. Lo nunca dicho parecía más que obvio, y nuestros corazones latían al tempo. Pero el miedo nos detuvo. Demasiado bello ese momento. La oscuridad se había cernido sobre nosotros de manera penetrante. Sólo quedaba huir. Y provocado por aquella emoción, nuestras manos se unieron. Entrelazadas fuertemente, nadie podía separarlas. Y de pronto, luces de ciudad. Mis ojos se abrieron entre lágrimas y mi cuerpo se encontraba tiritando. Demasiado frío en esta cama vacía de amor. No encontraba calor por ninguna parte. Las lágrimas de iban congelando y se clavaban en mi alma como pequeños trozos de cristal. Mi mirada desenfocada buscaba indicios de luz. Pero no lo encontraba. Ahora tocaba esperar. Sólo mil vueltas en la cama y por fin podría dormir con la seguridad de no ahogarme con mis propias lágrimas.

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