Antes, la oscuridad me horrorizaba. Me sentía indefensa. Mi subconsciente me hacía pensar que a mi alrededor acechaban monstruos terroríficos, seres abominables...Y sólo se aparecían entre las tinieblas. No es que ahora la oscuridad no me dé miedo. Me impone mucho respeto, pero no es lo mismo. Ahora es diferente. Ahora lo que acecha entres las sombras son mis ideas fluyendo, la inspiración acentuándose y los pensamientos fusionándose con los sueños. Adoptando posición fetal, siempre acabo cubriéndome por las sábanas. Nunca me había gustado esconderme bajo las sábanas, me sentía agobiada, pero aprendí que era el mejor aliado para combatir la frialdad de tal lugar.
Siempre me gusta comprobar que la oscuridad exterior es igual de penetrante que la del interior de mi escondite. Me siento segura ocultada ahí. Pero durante los minutos restantes a que mis párpados decidan cerrarse, mi mente vuela, al igual que la imaginación, e incluso la curiosidad. La curiosidad de compartir mi escondite con alguien. El saber como sería estar acurrucada junto a "ese" alguien, abrazada, notando su aliento contra mi nuca, el respirar lento y sosegado del que ya ha comenzado a soñar. Tal vez, por fin, me sintiera protegida bajo la oscuridad.
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